jueves, 24 de mayo de 2007

Profes, profas y otras especies singulares

Los profesores son una especie a parte. No sé si los de la Universidad son mejores o peores (de su especie, me refiero), lo que sí sé es que algunos no tienen desperdicio.
Después de 20 años con ellos, estudiándoles, una se da cuenta de muchas cosas (aparte de reirte un rato de algunos).

  • La "que desprendía olores" (Para quedar bien): Unos decían que no se lavaba y por eso olía tanto, otros que era una enfermedad. Lo único que puedo deciros, porque a mí no me interesaba su vida privada es, que cuando teníamos clase de sociales con ella, las dos primeras filas de clase (siempre que se podía) estaban vacías. Lo malo era que ella en lugar de quedarse en su sitio, se sentaba en las mesas de justo delante de nosotros para tenernos más cerca, así que...no había remedio.
  • La mala. Pero mala, mala...de maldad: Era la directora del colegio, y lo fue por muchos años, hasta que cayó enferma el mismo año que me salí del colegio. Era monja, pero no lo parecía. Maltrataba a los alumnos, física y psicológicamente. Muchas imágenes se me van a quedar grabadas de ella. Creo que esa es uno de los motivos por los que no tengo buenos recuerdos del colegio, y...por los que todavía no he ido a recoger mi graduado escolar.
  • La agricultora: Que buenos recuerdos de mi primer año en el instituto. Yo creía que iba a ser un suplicio, al menos eso me insinuaban todos. Creo que fue como pasar del cielo a la tierra pero al revés (osease, como morirse pero en bueno). Mi año de desmadre...bueno, a lo que iba, en otro post os hablaré de ese año.
    Justamente nos tocó a esta profe de tutora, y algunos se quejaban, pero de verdad que era muy buena persona (cuando no la enfadabas...bueno, y cuando la enfadabas también lo era). Se ponía muy seria con las notas y su asignatura porque como era tan buenaza, nos tomábamos la mecanografía a broma. Pero cada semana, en la hora de tutoría, nos soltaba en los jardines del instituto y hacíamos de jardineros. Regábamos las plantas, plantábamos arbolitos, arreglábamos lo que hacía falta, nos comíamos las moras... eso la gente que se quedaba, porque otras personas se escaqueaban por un agujero que daba a la calle.
  • El heavy metal: Buff, este ejemplar lo tuve el año pasado y todavía no me lo creo. Cuando lo ví entrar en clase, primero pensé que era un alumno que se había equivocado de carrera, pero cuando se presentó...ni os cuento. De profesor sólo tenía los estudios, porque menuda pinta lleva el tío. Pues eso, de heavy metal total. Pelos largos, desastrados, barba de una o dos semanas, camisetas de otros grupos de rock...y un día que cogió confianza, nos contó que tocaba la guitarra en un grupo de rock, nos hizo publicidad de sus discos y de su página web, y nos invitó a unos cuantos conciertos, que por lo que he podido saber, la gente sólo iba para emborracharse con él y pedirle luego algunos puntillos más en la revisión de exámenes. Y antes de acabar, ahora me he acordado que le daban ataquitos, y de repente te soltaba un grito que te hacía saltar de la silla. Pero así, sin ningún motivo. Hablaba tranquilo y de repente se ponía a gritar. Me daba miedo ir a tutorías, y en clase siempre me sentaba con unos amigos hacia el final, por sus ataquitos.
  • El repetitivo "¿eh?": Este era muy simpático, sus clases no eran muy pesadas para la asignatura que nos tenía que hacer tragar. Lo malo era que tenía uno de esos tics en el habla que...se notaba. No puedo mentir, puesto que, después de un par de semanas de clase, junto a mi compañera, empezamos a contar en una hoja de papel cuántas veces decía "¿eh?" en una clase. Luego eso se extendió a todo el mes...y al final a todo el curso. Hojas y hojas de crucecitas. ¡¡Incluso en los exámenes!! Un día cada una lo hacíamos para no perder el hilo de la clase, pero era imposible coger el hilo incluso cuando no estabas pendiente de ir contándolas, porque te desconcentraba igual.
  • El nerviosillo "eeeeee": Este podía ser la segunda parte del anterior, aunque este lo tuve este año, en el primer cuatrimestre. A que mala hora no cambié de clase... Era imposible concentrarme, entre otras cosas porque me hacía acordar al de antes, y no me dejaba concentrarme en lo que decía. Además que era muy, muy nervioso, y no paraba quieto un momento, se le notaba en la voz, en los gestos...y encima bebiendo cada minuto. Un día se dejó la botella de agua en casa, y por no ir a comprar una, se pasó las dos horas de clase entrando y saliendo a la fuente a beber.
    Lo bueno era que nos ponía vídeos de animaciones de dibujos (es profesor de Gráficos por Computador, es lógico que nos quisiera enseñar lo que podríamos acabar haciendo. Aunque los demás profes no creo que siguieran su ejemplo).
  • El valenciano: Uff, a clase de este fuí lo justito. Elegimos esa clase, porque mi amiga es de Zaragoza y prefiere que le hablen en castellano, así que me cambié de profesor. Pero pasamos de mal a peor. Un hombre valenciano-parlante, pero de esos que hablan "Valencià de poble" que diría mi amigo el argentino pequeñín. Y me hablaba en castellano. Un acento que no se podía aguantar, de lo cerrado que era. Y nada, muy mal. Aprobé, pero no fué gracias a él, porque no le atendí ni un momento (estaba más pendiente de si se rompían o no las rosquilletas).
  • El chico de la película: ...como diría mi madre refiriéndose al más guapo de todos. No era para tanto, resultón, eso sí. Con deciros que el 11-S, yo estaba dando mis jornadas de acogida en la universidad, y mientras los avioncitos se estrellaban, yo pensaba: "Es la primera vez en toda mi vida que podría enamorarme de un profesor como en las películas". Ya os digo, no es para tanto, pero de entre todo lo que he tenido...
    Luego resultó que lo tuve el año pasado en prácticas. Ya me habían hablado de él (bien y mal), y cuando lo probé, decidí no repetir. Machista como los hay pocos, aunque eso sí, sus clases me sirvieron para darme cuenta que yo también puedo mirarle el culo a los chicos.
  • El guayón: Pues este era algo parecido al de arriba, daba la misma asignatura pero la teoría. Venía en moto a clase, a veces enfundado en cuero. Era un "simequieres" (que diría mi padre) osea, que se quedaba en nada: bajito, flaquito...pero tenía algo. Sabía cautivar. Creo que es uno de los buenos profesores que he tenido, además de simpático...pero nos hinchó a hacer diagramas.
  • El "chulo putas": Otro motorizado. A este lo bautizó mi amiga. Iba de sobrado por la vida, contando todo lo que había hecho, en lo que había trabajado, todo lo que había estudiado...aunque es otro de los buenos profesores que he tenido, creo que si no el mejor, el segundo mejor. Me encantaba ir a su clase tan solo a escucharle, y mi amiga por no escucharle, ni iba.
  • El vejete: Este me dio frases para mi libreta hasta el último día, y muy buenas. No se podía fumar, comer o beber dentro de las aulas, ni tan siquiera se podía fumar en los pasillos de la Facultad, pero él se lo pasaba por el forro. Se cogía el purito y ale, en medio de la clase se fumaba dos o tres, y encima fardando y restregándoles (a los fumadores) que él lo hacía aún sin poder, pero nadie más.
  • La sargento (o "mitjançant): A esta le tenía yo un miedo increible. Imponía respeto, era la subdirectora, y creo que la única en toda la escuela que tiraba a media clase a la calle y seguía tan tranquila. Y no lo aparentaba en el físico, aunque sí en la cara de mala uva. Era pequeñita, flaquita...otra "simequieres", vamos. Prepotente hasta durmiendo. Según mi amiga, era porque el marido le tenía miedo y no la tocaba mucho por las noches. Buena profesora era, aunque me suspendió. Gracias a lo que aprendí con ella, aprobé al año siguiente con buenísima nota, eso sí, con otro profesor totalmente opuesto a ella...ahora os hablo de él. Lo de "mitjançant" era porque se pasaba la clase diciendo esa palabra. Cada dos frases, un "mitjançant". Luego la oía hasta en mis sueños.
  • El tonto l'haba...(que también diría mi padre): Desde pequeña he estado escuchando eso de "tonto l'haba", pero creo que el año pasado se me iluminó la lucecita cuando este profe se me apareció el día de la presentación. Había que estudiar para entenderlo, y hubiera sido mejor que hubiera dado la clase un niño de diez años. No sabía dar clase, no hay que alarmarse, hay muchos como él. Además, parecía que nos tenía miedo, y que tenía miedo a equivocarse en lo que nos decía, por eso muchas veces metía la pata y se equivocaba de verdad. Había veces incluso, que no sabía ni lo que estaba haciendo. Lo bueno era que en los exámenes también se equivocaba, pero doy gracias a que se aceptaba como despistado y nos cambiaba la nota.

Bueno gente, este post se ha hecho demasiado largo. Os dejo que os vayais. Aunque todavía me quedan por ahí guardados, así que haremos una segunda parte de profes y profas, yo sigo rememorando y ya lo publicaré. Me trae buenos recuerdos esto!!
Y ahora soy buena, y os dejo la frase. Después de haber leido todo esto, os doy el premio como a los perritos.

  • La Frase del Día:

"A mí me quitas el acceso al sistema y me tienes que dar metadona"
(Profe de Sistemas Operativos II)

2 comentarios:

Quico dijo...

Joer, que sorpresón! asín de repente!!!!

Quico dijo...

Ale ale, que la rumba no pare!!!