jueves, 26 de julio de 2007

¡Que vicio, que vicio!

Nunca he probado las drogas (las peores, me refiero. Uff, voy a aclarar esto que no quiero que penseis cualquier cosa: nunca he probado las drogas ilegales), pero hay cosas en esta vida que son casi peor que ellas (no las he probado, por lo tanto no debería opinar, aunque viendo las noticias algo puedo conocer...).Lo que iba diciendo, que hay cosas en la vida que podríamos catalogar de drogas, que son legales, y que deberían no serlo.

Para empezar, un dulce típico argentino: el alfajor. La primera vez que probé uno (en el autobús de vuelta de la facultad) creía que había llegado al cielo. ¿Un poco exagerada? Pues la verdad es que lo estoy haciendo suave... no puedo decir lo que sentí en ese momento porque soy una chica decente. Mi amiga alucinaba conmigo, tanto que me invitó ese fin de semana a otro en su casa.
Luego de este episodio, su argentino particular se decidió a hacer un día alfajores caseros y tengo que decir que no eran lo mismo, pero también causaban adicción.


Sin irnos más lejos, podemos encontrar otra droga legal: el dulce de leche. A mí no me gustaba el dulce, de echo a parte del chocolate, hasta los 17 años, no comía casi dulce. Ni azucar, ni golosinas, pocos helados... Me fuí haciendo mayor, y supongo que con el tiempo y las costumbres del resto de la gente, fuí adquiriendo nuevos hábitos alimenticios. De todas formas, no me apasionaba el dulce. Tú dame chocolate, lo demás... me lo pienso, pero ves comiéndotelo tú por si acaso.
Me habían hablado muy bien del dulce de leche (los argentinos, por supuesto), pero sólo el nombre y mi primera experiencia en Brasil con algo que me dijeron que era dulce de leche, no me acababa de convencer (una cosa como un sugus, duro, que al morder se te quedaba pegado en los dientes y era imposible quitártelo, eso sí, tenías que poner cara de que te gustaba y mucho porque todo el mundo te miraba para ver qué te había parecido el doce de leite brasileiro)."¡Experimenta!", decían todos.
Entendereis ahora por qué no fui buscando dulce de leche como loca nada más bajar del avión, en Buenos Aires. Creo que hasta dos semanas después de llegar no lo probé. Recuerdo que me acababa de levantar, y prepararme la leche. En la mesa del desayuno me esperaban unas galletitas saladas (tostadas) y una cucharita con algo al lado que suponía sería el famoso dulce de leche. Les avisé que nunca lo había probado y a mí el dulce... "¡Probalo!"
La primera sensación fue como la de Brasil: tenía que decir algo porque había dos personas mirándome fíjamente, esperando mi opinión, y aquello estaba realmente pringoso. Se me quedaba pegada la lengua a los dientes. Lo suponía menos...pastoso.
Aunque desde la segunda cucharada, fue como un vicio. Creo que me bebí la leche, porque yo sin leche no puedo vivir (esos comentarios que estais pensando, sobran!! Que ya me los habeis dicho varias veces). Sobre todo, eso de mezclar el dulce de leche (dulce, dulce) con las tostadas saladas...no me hacía mucha gracia para empezar el día. Pues creo que me vieron tan entusiasmada, que me señalaron donde lo guardaban, por si me entraban ganas de ir con la cucharita y meterla de lleno en el bote (que por otro lado era enoooooooooooooooooorme. Más grande que una caja de zapatos, y de cartón...alucinante).

Cruzando el charco, ya puedo hablaros de otro dulce, auque pensándolo un poco, también es de dulce de leche... El helado de Häagen Dazs!! (vaya nombrecito). Calorías, grasas y cochinadas de esas que los médicos te dicen que no son muy sanas, tiene para parar un tren... ahora que, bueno está un rato largo. Y claro!! Tanta cosa tiene para salir tan bueno (cremosito, dulce, mmm) sólo de pensarlo ya me cae la baba. Es inexplicable. Símplemente: es dulce de leche a lo bestia. Te pones poco (por esto de los kilos de más) y luego vas a buscar más. Vas a la cocina a beber y acabas robándole una cucharada más al helado. Y ni te digo cuando vas a hacer la cena, o a la hora de la merienda.... aaaaaaaaaaaaaaaaah!!!

Y la peor droga de todas...son algunos hombres (creo que ya se les puede llamar así. Sincéramente iba a decir "chicos", pero teniendo en cuenta la edad, que no el cerebro, supongo que podemos llamarlos hombres, por esta vez). Sólo algunos. Y no me refiero a los bomboncitos que nunca conoceremos, que salen en la tele sólo para tener más audiencia las televisiones, o para que el producto en cuestión se venda el triple mejor que otros. ¡Esos no!
Otros que, sin ser "bomboncitos" hay veces que te dan ganas de ... vamos, que son la ostia!! Juegan contigo, te hacen daño, pasan de tí, luego vuelven a buscarte, te embaucan... lo mejor de la vida!! Lo bueno de todo esto es lo que te gusta a tí que hagan eso (algunas cosas más que otras). Me refiero a que: si a tí te hacen algo malo, lo lógico sería que mandaras a paseo a esa persona...¡¡¡pues no!!! y si lo haces, y vuelve a tí, te va a gustar más. ¡Que masoquismo puro el de la gente! Pero es eso, una droga. Que no puedes evitar hacerlo, no puedes evitar caer en la tentación, una y mil veces.
¡Ah! Y si la "persona" en cuestión viene con una tarta de dulce de leche bajo del brazo, ¿qué puede haber más perfecto que eso? Ayyy, el amor...
  • La Frase del Día:

"Voy a ir con pelotas"

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