Gracias, Diego
25 años con la vergüenza encima de mí, y este tío en una clase de dos horas, acaba con ella. Bueno, en realidad acabó con ella antes de las dos horas, lo que es más extraordinario si cabe.
No puedo deciros cómo lo hizo, sólo que es el mejor profesor que he tenido en la vida. A parte de que explica las cosas bastante bien, con humor, con mucha, mucha guasa y hablándonos de tú a tú, a parte, te abre los ojos como ninguno.
La verdad es que él y yo no empezamos muy bien (tal vez no sea tan así. Pero me molestaba que en mi asignatura del año pasado, cuando explicaba, miraba a las cuatro personas de mi grupo y a mí no.)
Fue el primero que me tiró una bronca por mi vergüenza, y por no hacer las cosas como yo creía, y creer más en los demás que en mí.
Resumiendo: que en el taller del otro día, a parte de reírnos mucho, más de la mitad de los que estábamos allí (tal y como dijo él), en 15 minutos pasamos de ser unos mentirosos a unos excelentes creativos (unos más que otros. ¡A ver si ahora mi super mentira la van tirando por los suelos por alguna que otra mentirijilla de chicha y nabo).
En esas dos horas, pensé incluso en hacer público este blog (para mis conocidos y amigos), en publicar mi história, en hacerla película...tantas cosas que tengo por ahí escondidas por miedo a que sepan que he sido yo la creadora... Él, en ese taller me abrió los ojos, aunque... necesito un pequeño tiempo de adaptación.
En esas dos horas, pensé incluso en hacer público este blog (para mis conocidos y amigos), en publicar mi história, en hacerla película...tantas cosas que tengo por ahí escondidas por miedo a que sepan que he sido yo la creadora... Él, en ese taller me abrió los ojos, aunque... necesito un pequeño tiempo de adaptación.
Por ahora, ya he empezado a no callarme en clase. Y gracias (o por desgracia) a eso, mi profesor de ISG se ha enamorado de mí. Mi compañera de prácticas ha estado llamándole para que le explicara unas cosas, y el tío sólo me miraba a mí. Mi compañera se ha llegado a cabrear (y ha sido la que ha dicho que se había enamorado gracias a mi excelente cerebro programando).
Y bueno, tonterías a parte, también me ha servido para sacar el genio que llevo dentro ("genio" en el sentido de caracter).
He llegado bastante tarde de la Universidad, y tenía hambre, así que después de hacerme la comida, lo he preparado todo para ponerme a comer (al fín...), entonces me suena el móvil. Os dejo la conversación que no tiene desperdicio (o tal vez sí, y demasiado):
- ¿Dígame? -contesto
- ¿Almudena? -una señora de unos cincuenta y muchos o sesenta y pocos. O tal vez cincuenta y pocos y cuarenta y muchos. Si no soy buena con las caras, tampoco lo soy con las voces.
- No, perdone. Se ha equivocado. -digo acomodándome el teléfono en la mano ya para colgar.
- Va, Almudena. Que sé que eres tú.
- No soy Almudena -digo intentando aguantar la risa, pero sin poder disimular una sonrisa
- Venga, déjalo ya. Almudena que estaba yo pensando...
- ¡Señora, no soy Almudena! Le he dicho que se ha equivocado -empezaba a impacientarme, viendo mi comida delante de mis ojos y sin poder probarla.
- No me engañas, sé que eres tú.
- Mire señora, le he dicho que no soy Almudena. No la estoy engañando. No es una broma. Se ha equivocado de número. Mírelo bien.
- Almudena, que te conozco la voz. -insistía la mujer
Ya harta de tanto hablar para una pared, le cuelgo el teléfono. Había intentado ser educada, pero esa señora o estaba muy sorda, o la habían engañado muy a menudo.
- Dios mío, cómo está la gente... -me he dicho a mí misma en voz alta. Y me he dispuesto a empezar a comer.
A los 30 segundos (si es que habían pasado) vuelve a sonar el teléfono. Mismo número (de Madrid). ¿Para qué voy a cogerlo, si no me cree? Pues nada, le cuelgo y que se dé por aludida.
Pero no, esa señora no sabe qué es un NO. Vuelve a llamar. Silencio la llamada. Vuelve a llamar, la vuelvo a silenciar. Vuelve a llamar, le cuelgo de nuevo.
Y a la quinta llamada, ya bastante nerviosa, vuelvo a descolgar el teléfono. A pesar de haber perdido la vergüenza, no quería dejar de ser educada.
- ¿Dígame?
- ¡Almudena! -la madre que la parió!! ¿Qué no sería una broma del Anda yá?
- ¿Otra vez, señora? Se ha equivocado. No soy Almudena.
- ¿Otra vez, señora? Se ha equivocado. No soy Almudena.
- ¡Vale ya, Almudena! Que tu madre dice...
- Señora, por última vez le digo que no soy Almudena.
- Ay, ¿y quién eres? -pregunta por fín (olvidándose de Almudena en una frase) y después de un breve silencio bastante incómodo.
- Soy "Nicky" (por supuesto que le he dicho mi nombre)
- Ah, "Nicky" amiga de Almudena. - la leche que la parió!! Y dale con Almudena!!!.
- No, señora. Soy Nicky y no conozco a ninguna Almudena. Mire a ver...
- Ay, y a qué número he llamado yo? Mira, yo llamo al ..........
- Sí, está llamando a ese número. Pero no es el de Almudena. Es el mío.
- Pero tú conoces a Almudena.
- Por favor. No. No conozco a Almudena. Se habrá equivocado al apuntar el número. -medio loca, intenté averiguar si mi nuevo número, antes había pertenecido a la tal Almudena. Pero la señora se me adelantó.
- Pero si ayer ella me dió este número - por fín dejaba de nombrarla.
- Bueno, pues lo siento, pero este no es. -ahora sí me disponía a colgar.
- ¿Y no conoces a ninguna Almudena, por si acaso?
- No.
- Bueno, pues perdona, eh? Pero a mí me habían dado este número. -normal que le habían dado ese número. La pobre Almudena, harta de esta señora, encontró la oportunidad para deshacerse de ella, inventándose un número de móvil que casualmente era el mío.
No me digais que no parece una broma de Anda ya! Es increíble. Me ha llegado a sacar de mis casillas, incluso a quitarme las ganas de comer. Menos mal que Diego me había quitado la vergüenza, porque si no, podríamos haber estado toda la tarde al teléfono, y quizá hasta me hubiese convencido de que yo era Almudena. He llegado a dudar si yo estaba segura de cómo me llamaban.
- La Frase del Día:
"¡Mierda!" "¿Me llamas?"
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